Betanzos, Sta. María do Azogue.

Los que seguís mi obra y mis distintos sitios en la red sabéis de mi gusto por los espacios que voy teniendo la ocasión de conocer, muchas veces a través de mis cuadernos de viaje, o, incluso -como sucedió en la serie “Lugares” que publiqué durante dos años en el suplemento “El Dominical”- en los que no he tenido la oportunidad de estar, pero me resultan atractivos. A veces esos espacios tienen el valor añadido -personal- de que forman o han formado parte de mi cotidianidad. Se une, entonces, al interés objetivo que me suscita el lugar, un componente emocional casi siempre cargado de recuerdos.

Muy cerca de aquí está el Conservatorio de Música de Betanzos, en el que mis hijos cursaron cuatro años. Mientras ellos estaban en clase yo subía esa empinada cuesta hasta la cafetería “Lanzós”, en el atrio de la iglesia de Santiago, y allí realicé la práctica totalidad de la planificación visual de mi película “De profundis”.

No puedo evitar un cierto ramalazo de nostalgia.

Dibujo a lápiz.

Dibujo a lápiz.

Acuarela acrílica sobre papel Arches.

Acuarela acrílica sobre papel Arches.